Yayo

Hablar del Yayo y que te salte una lágrima es inevitable. Su nombre lo dice todo, pero no te haces la idea de que es un gato viejo. El Yayo era muy especial en todos los sentidos, por su carácter, su cara, y voz…. Muy tranquilo y paciente, cuando lo acariciabas maullaba de una manera muy divertida que a todos nos hacía sonreír. Yayo pasó mucho tiempo en el Jardinet pero le tocó la lotería, cuando fue a una casa de acogida. Imagínese, pasar de vivir en un espigón pasando frío incluso en verano y aguantar temporales y calor extremo, comiendo lo que podía, sobreviviendo a todo tipo de situaciones, de ese dolor, pasar al calor de una mantita, a las caricias de una mano amiga, al amor de unas miradas, al calor de un abrazo.

Yayo marchó al poco tiempo de estar en la casa de acogida, tal vez se sintió ya protegido, seguro, encontrando su rinconcito y siendo amado, murió cuando creyó oportuno, con la satisfacción que da el sentirse bien, con la seguridad de que aquél era su hogar, con el corazón lleno de amor.